La ironía de que el Ecofascismo sea basura

Me siento completamente alarmada de cómo escucho hablar a personas sobre la forma que proponen de “salvar el planeta” a través del encubrimiento con hojas verdes de lo que en realidad es fascismo, de hecho “eco-fascismo”, quizás esas personas no lo ven, pero sus palabras son parte de una ideología que se presenta como el último truco de magia de este sistema putrefacto llamado Capitalismo, que se niega a morir, en manos de una oligarquía que nos vende entre hojas verdes la ilusión de la ecología y el hecho de que debemos salvar el planeta de maneras que sólo significan darle más control al sistema sobre nuestras decisiones y nuestra propia vida. El ecofascismo no es una respuesta a la crisis ecológica, es solo un pretexto manipulativo para quitarnos aún más libertades y hacerle un greenwashing a todo lo que se pueda para que no se vea tan repulsivo como en realidad es. Como anarquistas debemos desenmascarar esas verdades engañosas que las grandes compañías nos intentan vender.

El eco-fascismo toda una problemática real como lo es el colapso de múltiples y diversos ecosistemas, todo aquello causado por la sobreexplotación derivada del capitalismo y las instrumentaliza para conseguir su gran meta que es seguir reproduciendo el sistema, ese mismo que en primer lugar creó la crisis: dominio, escasez artificial y autoridad centralizada. Lo más loco de todo esto es que sin ningún asomo de vergüenza los poderes fácticos le echan la culpa a todo menos al capitalismo y al estado, en cambio busca darle más poder bajo la ilusión de la supervivencia.

Esta ideología no presenta soluciones reales y que se hagan cargo de lo profundo, de frenar la producción desmedida, la extracción que arrasa los ecosistemas, ni intenta democratizar el acceso a los recursos, si no que apunta a otros actores y situaciones como los culpables, solo se centra en, mentirosamente, señalar a inmigrantes, personas pobres y usualmente del tercer mundo como el problema de sobrepoblación, ahi podemos apreciar el clasismo y el racismo con esteroides que profesa ese 10% más rico del planeta que son quienes emiten más de la mitad del total de emisiones contaminantes a nivel mundial.

Me arde la sangre de furia cuando escucho a esos ecofascistas hablando de cómo debemos salvar a la humanidad cuando a la vez son los mismos que deciden quienes merecen tener agua, el mismo que se llena la boca de slogans para salvar al planeta mientras quema energía como si no hubiera un mañana hablando con su asistente de IA que necesita cantidades ingentes de agua limpia para funcionar. Vergüenza les debería dar hablar sobre la sobrepoblación del planeta como si el en mundo no existieran suficientes recursos, cuando está comprobado y recontra comprobado que hay alimentos, tierra y recursos para todos, solo que el maldito sistema en el que vivimos no es justo y mientras hay trillonarios en el mundo, también hay personas que viven con menos de 50 centavos al día. Los eco-fascistas no quieren salvar vidas, quieren que todos se mueran, lo que es muy loco… ellos piensan que es mejor morir a luchar por un sistema equilibrado y equitativo. Toda su política se basa en el control de natalidad, en perpetuar la acumulación de riqueza por unos cuantos y que se mantenga el status quo. Son esas personas que se alarman por una persona que cortan un arbol para hacer leña y asi poder calentarse, pero que no dudan en comprar ropa en tiendas que producen en Bangladesh con productos altamente tóxicos y que hacen que sus rios estén tan contaminados que sea algo común morir joven por problemas derivados a esos trabajos. No quieren que nazcan más niños, se mienten a sí mismos enarbolando banderas de luchas ecológicas cuando lo único que quieren es imponerse sobre las libertades personales. Yo siempre he creído que no quiero tener hijos, uno porque no siento “el llamado”, pero también porque pienso que debo enfocarme en ayudar al derrocamiento del sistema, pero no por eso voy a andar coartando las libertades de las personas, imponiendo el número de niños que pueden parir. La solución al problema no es la superficialidad de imponer reglas ridículas como en décadas pasadas lo hizo China, hemos visto las consecuencias sociales que ha acarreado esa decisión del hijo único. El ser humano debe prevalecer con todas sus libertades, siendo parte de un tejido social cooperativo, que se cuida entre sí, que recibe con alegría a nuevas generaciones, que implementa la ecología como una parte central de toda actividad, donde no hay espacio para millonarios sin alma. 

El anarquismo debe imponerse ante el eco-fascismo con una ecología social, porque están intrínsecamente unidas, nuestra respuesta no es el control, debe ser la autogestión territorial, los bosques, ríos y semillas deben gestionarse por la comunidad, no por las corporaciones, debe ser cuidado y suministrado de forma inteligente, usando las herramientas y la tecnología que nos haga más fácil su protección. Los huertos colectivos, la permacultura y la soberanía alimentaria son actos de resistencia frente a la agroindustria, necesitamos tierra libre y conocimientos compartidos horizontalmente para que una nueva forma de vivir sea creada. Las ciudades deben aprender a autoorganizarse para la transición ecológica mediante redes energéticas descentralizadas, transporte colectivo gratuito y gestión directa de residuos. Finalmente todos sabemos que es el único camino posible y no es un sueño abstracto como algunas personas apuntan, solo para ridiculizarnos. Por tantos siglos nos han hecho creer que los poderosos, los que están arriba, los que tienen dinero, tienen más poder que el grupo predominante que somos nosotros, las personas comunes y corrientes, que ahora lo que sería la respuesta con más sentido común nos parece una locura. 

Debemos estar alerta también a los señuelos que, desde el activismo verde o incluso sectores de la izquierda, flirtean con lógicas ecofascistas sin nombrarlas. El malthusianismo verde que culpa a “la humanidad” en abstracto ignora que no es lo mismo un campesino que cultiva maíz que un accionista de Shell; el primitivismo autoritario que idealiza un pasado mítico y rechaza toda tecnología entrega de facto el control técnico a quienes sí lo ejercerán: el Estado y el capital. El ambientalismo de élite que criminaliza a comunidades pobres por “depredar” mientras defiende parques naturales cercados donde solo entran turistas con visa reproduce la lógica colonial de la conservación como exclusión. La ecología anarquista es práctica, inclusiva y profundamente social. No protege “la naturaleza” como museo al que no podemos entrar, sino que defiende las relaciones vivas entre tierra, agua, plantas, animales y personas en pie de igualdad.

No esperaremos a que gobiernos o ONGs nos salven, porque ya están construyendo el eco-fascismo en nombre de la “transición ecológica” con megaproyectos de “energía verde” que desplazan comunidades originarias, acaparamiento de territorios por fondos de inversión bajo el eufemismo de “compensación de carbono”. Frente a esto, la respuesta anarquista es la acción directa: ocupar y cultivar tierras abandonadas por el capital, bloquear megaproyectos extractivistas con o sin “sello verde”, construir redes de apoyo mutuo para migrantes climáticos, hackear y redistribuir tecnologías útiles como paneles, semillas, conocimiento, etc y defender los territorios con asambleas, no con fronteras. El eco-fascismo es la ecología del miedo, la administración de la escasez para beneficio de unos pocos. La nuestra es la ecología de la libertad, donde la tierra no se administra sino que se habita en común, y donde la vida, toda la vida, se defiende sin jerarquías. No salvaremos el planeta para una élite selecta. Lo haremos habitable para todos, ese debe ser nuestro fin, no nos podemos dejar llevar por la retórica verde, que simplemente nos quiere meter en cajas y mantener el sistema ridículo donde se inventan una escasez para poder encasillar a grupos completos de personas como “descartables”.

Nikosmico.-

Por Nikosmico

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